Con tu letra.

Entraste como cuando llegas a casa sin que nadie te espere, sorprendiendo pero sintiéndote a salvo.

A veces tenemos la suerte de cruzarnos con personas a las que llamar hogar. Ese sitio que es tan tuyo que nadie puede romperlo, donde ser tu es más derecho que deber.

Cruzaste la linea que tanto tiempo había tardado en dibujar, la que tantas veces había prometido que nadie cruzaría si no iba a quedarse dentro para siempre.

– Haciéndote un hueco en mis formas. –

Cruzaste la linea creyéndote al borde, tú que nunca has sido de equilibrios.. ¿Cómo pretendías salir ileso?

¿Cómo voy a olvidar que hiciste de mi hogar tu guerra? Yo que no quería ganarte y mucho menos perderme si no tenías intención de venir a buscarme.

Te veo llover y yo sigo mojándome.

Eres el muro más bonito con el que voy a chocarme. Sabía que mi próxima cicatriz estaba escrita con tu letra.

Lo que no sabes es que las historias que cuentan mis heridas son mucho más interesantes que cualquier caricia de unas manos que no sean las tuyas.

 

Quería fluir y estoy fluyendo, aprendiendo a escuchar tus silencios. Y que nadie te calle; a veces eres todo lo que quiero oír.

image1

Ya lo decía Éluard

Que te quedes sin estar es la peor manera de marcharte.

Una despedida improvisada, a contratiempo. Como cuando intentas bailar pero te tropiezas con tus propios pies.

Y entonces lo notas, te aprieto tanto contra mi pecho que incluso podrías convertirte en mi coraza, viajando hasta mi garganta sin dejarme hablar, ni siquiera respirar.

Llega a los ojos en cuestión de segundos, levanto la mirada, tragas saliva y sigo demostrando mi entereza mientras me quedo en mitad de la calle con una maleta llena de besos que hoy no sabemos si han ido a parar a la cabeza para calmarnos o a la boca para callarnos.

Entonces andas pensando lo que viene, despacio; como si fuera la primera vez que no miras atrás.

Desfigurado.

IMG_0605

Dos milímetros.

Hay ojeras que se borran con el tiempo, cuando te miras a los ojos y los espejos callan lo que ni tú misma eres capaz de decir. Y es el frío el que te empuja a salir y no a quedarte, a ver todo desde fuera. 

Siguen bajando los grados mientras tú duermes y yo te dedico insomnios entre paréntesis, lo que nunca dices en voz alta porque huirías al escucharlo. 

Empieza el invierno sin tener en cuenta el calendario; media cama vacía es más fría que cualquier tormenta en pleno Agosto. 

Y tú hablas de inseguridades mientras das otra calada, y yo me voy consumiendo. Apuras tu copa hablando del futuro con verbos pasados y enciendes otro cigarro, quien sabe si por esconderte o por seguir respirando. 
Y aunque la vida no se detiene por nadie haces que todo vaya más despacio, y tú no ves que frenar a dos milímetros del precipicio es más vida que viajar despacio por si acaso. Deja que las cosas pasen. 

Deja de huir a ningún sitio, te acabarás tropezando contigo una y mil veces, y caerás, y te llevarás contigo todo a lo que estás sujeto sin saberlo. Sin ver que eres lo que callas mucho más de lo que dices, que eres mucho más de lo que estás, y que para ser sin tí solo hace falta que seas. Hay cosas que están pensadas para decirse en voz alta más veces.

Es tan facil entenderlo, te hablo de domingos que duran semanas, de despedidas sin final, de tus ojos y los míos brillando a la vez por lo mismo y no verlo, de tu desconfianza. Hablo de perder por no querer ganarme. 

Hablo de que yo no tenía miedo hasta que te quise y no dejo de hacerlo. Del egoísmo. 

De quererme yo por si acaso no me quieres, por si acaso un día no vuelves.